Reflexiones - November 8, 2015

"Esta pobre viuda ha echado en el arca de las ofrenda más que nadie...ha echado todo lo que tenia para vivir". Mc. 12, 44.

Las lecturas de hoy nos presentan el ejemplo de generosidad de dos viudas.

En la primera lectura Elías le pide a una viuda de la ciudad de Serepta un poco de agua, y un trozo de pan. El profeta conocía las estructuras patriarcales en que vivía la viuda al faltar el marido, el desamparo la marginacion, la pobreza, es la misma situación que encontró Jesús con la viuda del templo. ¿Qué les movía a las viudas a ser generosas con lo poco que tenían?

Siempre recuerdo con cariño la visita a un país del Caribe. Llegamos de noche a casa de una familia y al vernos llegar a su bohío, compartieron con nuestro grupo el pollito que tenían para comer esa semana.

Al final de la reunión yo les pregunte, ¿y que van a comer mañana? Ellos me respondieron: “Cuando uno da con generosidad, el Señor nos lo devuelve con creces”. Al día siguiente el dueño de la finca más cercana al enterarse que estábamos de visita, les devolvió mucho más de lo que ellos habían dado, en artículos comestibles. Allí se cumplió lo que dice el Señor: " Ni la harina se vacío, ni el aceite se agotó".

Otro ejemplo de generosidad lo encontramos en el Evangelio de hoy. Jesús observa a la gente que echaba dinero, entre ellos a "una pobre viuda", una mujer que pasaba inadvertida para muchos pero no para el Señor de la Misericordia.

Esta viuda quizás no podía dar gracias en el Templo por los bienes materiales recibidos, pero en su interior se sentía querida, y agradecida de Dios. Y es a esa mujer que el Señor la mira y la pone como ejemplo de generosidad. El desaliento y la desesperanza no les quitaron la generosidad y la fe en Dios.

También hoy encontramos personas muy generosas en nuestra comunidad que ponen su tiempo, su carisma y generosidad al servicio de los más necesitados.

Conozco un joven médico que se bautizó y recibió los sacramentos, y trabaja como Médico Sin Fronteras, en un país de Centro América trabajando, voluntariamente. Que el ejemplo de generosidad de estas dos viudas, alimentados con el Cuerpo de Cristo, nos ayuden a ser generosos, con los dones y talentos recibidos, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestra parroquia, ayudando a otros como decía un santo "hasta que nos duela".