Reflexiones - Jan. 11, 2015

Por esos días, vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan....Se oyó una voz que decía: “Tu eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias" Mc.1, 9-11

Hoy la Iglesia celebra la fiesta del Bautismo del Señor, después de esta fiesta comienza el Tiempo Ordinario. Tiempo que continua hasta el martes antes del Miércoles de Ceniza, es también, un tiempo para crecer en nuestra fe, y en el conocimiento de Jesucristo, por el cual hemos recibido la gracia del Bautismo.

Quizás sería bueno en este día del bautismo del Señor reflexionar sobre nuestro bautismo, hay muchas preguntas que se escuchan, por ejemplo. ¿Por qué hay que bautizarse? Otras personas dicen. “Esperen que los niños crezcan para bautizarlos". A estos padres nunca se les ocurría decir: “esperemos que los niños crezcan para que decidan cuando van a la escuela". Y así en esa indiferencia religiosa encontramos jóvenes que vienen de diferentes países, y de nuestra ciudad, que vienen a recibir clases de adultos, (RCIA), porque sus padres no se preocuparon, muchos desconocen que existe un crecimiento biológico en el ser humano, y un crecimiento espiritual.

El bautismo es un don, es un regalo de vida, que se nos da por los méritos de Jesucristo, “El Hijo muy amado de Dios". ¡Qué bien lo explica Pablo! Por el bautismo fuimos sepultado con Cristo, y morimos para ser resucitados, y vivir una vida nueva". Rom. 6,11

El bautizado pertenece para siempre a Cristo: en efecto, queda marcado con el sello indeleble de Cristo", (carácter). Catec. # 1280

Resumiendo podemos decir que el sentido del bautismo es: morir al pecado y vivir para Cristo, rompiendo con todo aquello que nos deshumaniza, y nos impide vivir libre y consciente a Cristo y las enseñanzas de la Iglesia. En el caso de los padres con niños pequeños la responsabilidad es de bautizarlos y educarlos en la fe, escogiendo padrinos que sean ejemplos de fe católica.

Recuerden que nuestra meta final como bautizados no es la muerte del pecado sino la vida. “Es el gozo de sentirnos hijos amados de Dios", y hermanos de Cristo, cumpliendo como bautizados su voluntad de hacer “el bien" Hechos

10,38, en nuestra familia y comunidad.