Reflexiones - Sep. 14, 2014

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.” Jn. 3,16

Hoy la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. El Evangelio de Juan nos presenta el amor de Dios, por todos nosotros, hasta el extremo de entregar a su único Hijo a la muerte de cruz, “para que quien crea en El no perezca, sino que tenga vida eterna”.

Es difícil hablar de la Cruz, en un ambiente donde se exalta el placer y el desenfreno grupal, y donde parece que en el lenguaje cotidiano ha desaparecido la palabra sacrificio, y la cruz.

Algunos pueden pensar que estamos glorificando el sufrimiento y el dolor, y que somos personas que estamos en contra de la alegría, “de pasarla bien”, como dicen algunos “gurús modernos”,- usted ha nacido para ser feliz,- sí, y yo les pregunto, ¿y qué más?

Solamente se puede entender la Cruz en nuestras vidas cuando usted ama. Pregúntele a una buena madre lo que significa el amor oblativo, que se entrega por su hijo, aun por aquellos que menos la aman y podrás entender de como Dios nos ama, “mucho más”. Hasta el extremo de entregar su Hijo por nuestra salvación.

Cristo cumplió el sueño de Dios, salvarnos a todos. El mal del hombre no es solamente la pobreza,-“el pobre Lázaro no tenía nada y cuando murió los ángeles vinieron a llevarle al cielo”. La pobreza pasa, la riqueza también, y no significa que no nos preocupemos por las injusticias. El problema del hombre no es la enfermedad. No, ahí está Job, comido por una lepra, tirado en un camastro. Y dice de lo profundo de su alma. “No importa con estos ojos que me está comiendo la lepra veré un día, cara a cara a Dios. Esa es mi esperanza.

¿Sabes cuál es el mal de hombre? El único mal del hombre es el pecado. Porque este es el que rompe el sueño que Dios tiene con todos, que seamos su Familia.

Para eso vino Cristo a la tierra como Hombre para tener hermanos y ser familia de todos, y le va a decir al Padre, déjame que yo voy a salvarlos a todos. Que yo voy a morir por todos. Que yo voy a perdonarles todos los pecados. Él quiere que se realice el sueño de Dios.

Hasta el final en la cruz redentora decía: “Padre perdónales no saben lo que hacen”.

Hoy en la cruz encontramos a Jesús clavado, y le decimos: ”Señor no te bajes de la cruz”, te lo piden las madres que sufren, no te bajes de la cruz te lo piden los enfermos, te lo piden los ancianos que viven solos, no te bajes de la cruz te lo piden los religiosos las religiosas, los jóvenes que están decidiendo una vocación. No te bajes de la Cruz, porque queremos ofrecerte nuestros dolores, como familia de Dios.