Reflexiones - Aug. 20, 2014

"¿Quién dices tú, que soy yo?" Mt. 16,15

La pregunta que le hace Jesús a los apóstoles, ¿sobre quién es el para ellos?, no es una pregunta en la que podemos quedar neutral, o indiferentes. Tampoco es una pregunta lejana, cuando me "convertí", o cuando me prepararon para recibir mi primera comunión, pues como decía Mons. Román, "ya el trajecito de comunión nos queda pequeño”.

La pregunta de Jesús: ¿quién soy yo para ti? Se lo contesto Pedro: "Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". El Padre del cielo se lo manifestó a Pedro, porque el seria la "roca", sobre la que el Señor construiría su Iglesia.

Sin embargo esta no será la única vez que Pedro oiga la pregunta ¿quién soy yo para ti? En su crecimiento spiritual, Pedro tendrá que responder esa pregunta muchas veces.

Un día Pedro escucho el primer llamado de Jesús, "y dejo su barca, y lo siguió”. Lc. 5,11, pensó que era suficiente y le dijo: Y nosotros que lo hemos dejado todo (la barquita), ¿que nos darás? Jesús le promete el ciento por uno y la vida eterna. Lc. 18,28-30.

Habrá otros llamados en que Cristo le pide acompañarlo en la oración en el huerto de los Olivos, y Pedro duerme, y Pedro niega a Cristo. ¿Yo oro en los momentos de crisis?

Pedro tuvo que pasar por la cruz del sufrimiento para purificar sus intenciones, y ser más humilde, al llamado del Señor. Nuestra madre Teresa de Jesús decía: “Humildad y desprendimiento lo aprendió Pedro de Cristo, cuando aprendió a mirar la manera de proceder del Señor del universo, su vida y sus padecimientos". Después de la resurrección de Cristo, Pedro con una fe más madura sintió otra llamada de Cristo, ahora la pregunta no es ¿quién dices tú que soy yo? sino ¿Me amas? Porque siempre la pregunta en el seguimiento de Cristo, será sobre cuanto lo amamos. Cuando recibas la comunión pregúntale al Señor. ¿Qué lugar ocupa tu amor en mi corazon?