Reflexiones - Dec. 7, 2014

En este Segundo Domingo de Adviento, la Iglesia nos presenta la figura de Juan el Bautista que se nos presenta como, "voz que clama en el desierto... "

Hace unos años leía un libro que tenía por título: " El desierto en la ciudad". Y este libro me recordó el desierto. Para algunos que hemos visitado el Medio Oriente, puede ser una extensión de terreno donde más de un 30% es un desierto árido, donde a pleno día hay un silencio estremecedor y un sol abrazador.

Sin embargo Juan el Bautista el precursor de Jesús, el Hijo de Dios, nos presenta otro desierto, no hay que buscarlo en una excursión al Medio Oriente, ni está fuera de ti , sino está dentro de ti, en nuestra ciudad, en nuestros vecinos y familiares, es un desierto donde gritas y nadie te escucha. Hace días leía en un diario, de una joven que fue asaltada y nadie escuchaba sus gritos, y ella vio algunos autos que pasaban, pero nadie hacia nada, por salvarla de aquellas fieras "en su desierto". Solamente un "desamparado" se le acercó para ayudarla, era una "voz” que c1amaba junto a ella pidiendo ayuda.

Existen muchos desiertos en nuestra vida, que nos aíslan de los demás, es el vacío que llevamos en el corazón, que nos hace vivir con miedo, y sin esperanza, tratamos de llenarlo trabajando con horarios extenuantes, o testeando por el celular desenfrenadamente, en el fondo le tememos a la soledad, ese es nuestro desierto, y no queremos encontrarnos con la Verdad de ¿quién soy yo?, ¿quién es mi prójimo? ¿Para que yo vine a este mundo? Esa respuesta a la soledad de tu vida la tiene el esperado, el Mesías, "el que los bautizara con el Espíritu Santo". El amor del Espíritu Santo hará florecer el desierto de tu vida, y te ayudara a romper tu aislamiento, para tender manos amigas, y dar esperanza, orar con el que sufre, ayudar al necesitado, imitando a María la madre de Cristo; que mañana celebramos su Inmaculada Concepción. Seamos como la Madre una voz de Esperanza, en el desierto del corazón humano.