Reflexiones - Dec. 21, 2014

“Aquí está la sierva del Señor; hágase en mi según tu palabra" Lc.26, 38

En este Cuarto Domingo de Adviento, a pocos días de la Navidad, la liturgia nos invita a contemplar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios en el vientre de María la madre de Cristo. Vienen a mí mente en este día muchas reflexiones.

Pienso que en el vientre de María, la llena de gracia, se está encarnando nuestra salvación, ahí está el primer sagrario, ella es el tabernáculo a través del cual Dios encarna a su único Hijo, ¡Misterio del amor de Dios!

Porque al Mesías lo buscaban en la fortaleza del guerrero con poder, sin embargo Dios se encarna en una pobre, santa y humilde virgen de Israel.

También reflexiono sobre la disponibilidad de María, al plan de Dios, sobre todo su fe, en que para Dios “nada hay imposible".

¿Cuál es la enseñanza que nos da María? Que creer en Dios es la única respuesta a Ti, que eres el Trascendente, el Infinito, el Creador, la Salvación, la Vida, la Luz, el Amor, el Todo.

Recordemos que el plan de Dios siempre se cumple, aunque a veces por caminos diferentes, a lo que nosotros esperamos.

También es una invitación en este tiempo tan hermoso, a confiar en el Señor, “que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humilde... porque para Dios, nada hay imposible." La Virgen siempre estará presente en los momentos difíciles de tu vida, sobre todo en tu vida familiar, y comunitaria, si como hijos de ella somos capaces de dar siempre un “sí" al Señor, hágase en mí según tus designios de salvación. La Madre también nos ensena a imitar su silencio interior, para que la extroversión y la superficialidad, no desvirtúen el plan de Dios. “El Verbo se hizo carne, y puso su tienda entre nosotros".

Pidamos al rezar el rosario, la gracia de imitar a María, discípula y misionera para que con nuestro testimonio de vida cristiana podamos como decía S. Pablo: atraer a todas las naciones... Sobre todo a los que conviven con nosotros, a la fe.