Reflexiones - Nov. 9, 2014

....El celo por tu casa me devora". Jn. 3,17

Hoy la iglesia celebra la Dedicación de la basílica de Letrán. Esta tradición se celebra desde el siglo XII.

Esta basílica fue donada a la Iglesia por Constantino, en el siglo IV, y ha sobrevivido terremotos, incendios, invasiones de los barbaros. Es el mejor símbolo de como la iglesia a lo largo de los siglos ha sufrido pruebas catástrofes de todo tipo, espirituales, materiales, pero siempre restaurada y renovada. Es nuestra Iglesia humana divina.

Nuestra Iglesia es la esposa de Cristo. Qué bien lo dice el Señor, en el evangelio, inspirándose en el salmo 69, “el celo por tu casa me devora".

También tú y yo, somos el templo muy querido del Señor. El apóstol Pablo dice: ¿No saben que son templos de Dios y que el espíritu santo habita en ustedes? I Cor. 3, 16

Ser templo de Dios mi querido hermano es un honor, pero es también una responsabilidad, para todo hombre y mujer bautizado, todos formamos el Cuerpo Místico de Cristo.

A veces nosotros como templo de Dios deberíamos pedirle al Señor la gracia de la memoria agradecida para mirar hacia atrás y ver lo que él ha hecho en nuestra vida, a través de su palabra vivida en su Iglesia. “Recordad aquellos días primeros, en los que, recién iluminados, soportaron combates y sufrimientos”

Heb.10, 32. “Acuérdense de sus guías, que les anunciaron la palabra de Dios; imitad su fe" Heb. 13, 7

Dice el Papa Francisco: “Por la memoria agradecida, la Iglesia testifica la salvación de Dios, y nos recuerda que por el Bautismo fuimos engendrados para la santidad, en un cuerpo santo, el de nuestra Madre la Iglesia. La Iglesia es santa: permanece en el mundo como un signo opaco y luminoso al mismo tiempo....su santidad, su vida íntima, la oración, la escucha de la palabra, y de la enseñanza de los apóstoles, la caridad fraterna, y el partir el pan, y el testimonio de vida , provoca la admiración y la conversión"

En la profesión de fe del Credo decimos que creemos en una Iglesia, santa católica apostólica, que con sus limitaciones, pero con sus grandezas, lleva más de dos mil años de fundada.

Pidamos en la Eucaristía la gracia de tener una memoria agradecida, para sentir celo por nuestra Iglesia, casa de Dios y puerta del cielo, y agradecerle al Señor su presencia, Amen.