Reflexiones - Nov. 23, 2014

“Cuando te vimos...enfermo… y con hambre, o desnudo y no te asistimos. Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis". Mt.25, 38; 40

Este domingo la iglesia celebra el último domingo del tiempo ordinario, con la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.

Siempre al final de este ciclo, la iglesia nos presenta a Cristo que nos espera, nos busca, y se nos manifiesta en la sencillez de la vida, el vaso de agua al sediento, la visita al enfermo... Es la gran sorpresa del evangelio del juicio final.

Recuerda que al final de nuestra vida seremos juzgados sobre el amor. No olvides, que el que se da en servir al hermano encuentra a Cristo.

Amar a Dios es muy fácil si le hemos conocido realmente. En cambio, amar al hermano es difícil, sobre todo al que no me trae ningún beneficio. Qué bien lo dice el Señor: “quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve". 1 Jn. 4,20.

Hace días vemos en los noticieros de TV, un anciano de 90 años en Fort Lauderdale, dándole de comer a los pobres, y pagando un precio por hacerlo, este hermano no va a ser juzgado al final de sus días por lo que sabía de Dios, sino por lo que sabía de las necesidades de esos infelices y de compartir con ellos. ¿Sabías hermano que ahí está el rostro de Dios? Eso es vivir el Reino de Cristo. “Tuve hambre y me distes de comer"...

Hermanos míos el amor nunca es anónimo. El amor tiene nombre y apellido, se llama mi prójimo, está en mi casa en mi barrio, en mi parroquia, quizás ese hermanito que se sienta todos los domingos al lado tuyo en la misa y lo único que conoces de él, es una mano fría y convencional.

Hoy cuando recibas la Eucaristía, pídele al Señor que te ayude a descubrir a Jesús, en los más necesitados, recuerda, al final de nuestra vida, “seremos juzgados sobre el amor". Amen.