CONFIRMACIÓN

Los sacramentos de Bautismo, Eucaristía  y Confirmación, juntos, constituyen “los sacramentos de iniciación cristiana”, cuya unidad hay que salvaguardar.  Es necesario explicar a los fieles que la recepción del sacramento de la Confirmación es necesaria para completar la gracia bautismal.   Por medio del sacramento de la Confirmación (los bautizados) están mejor ligados a la Iglesia y enriquecidos con una fuerza especial del Espíritu Santo.  Por lo tanto, ellos son verdaderos testigos de Jesús Cristo, más comprometidos a propagar y defender la fe por medio de la palabra y los hechos.

En el Antiguo Testamento los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor descansaría sobre la esperanza de la llegada del Mesías para su misión de salvación.  El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús, cuando Juan lo bautizó fue la señal de que este era el que iba a venir, el Mesías, el Hijo de Dios, que fue concebido por el Espíritu Santo y que llevó a cabo la misión durante toda su vida en comunión total con el Espíritu Santo, el cual el Padre se lo dio “sin restricciones ni medidas”.

La abundancia del Espíritu no era para que perteneciera solamente al Mesías, sino que se lo comunicara a todos los mesiánicos.  En varias ocasiones Jesús Cristo prometió la efusión del Espíritu, la promesa que cumplió primero en el Domingo de Pascua y luego más impresionantemente en Pentecostés.  Lleno con el Espíritu Santo los apóstoles comenzaron a proclamar “las grandes obras de Dios” y Pedro declaró que este derroche del Espíritu era la señal de la edad mesiánica.  En cambio, los creyentes de la predicación apostólica y que habían sido bautizados recibieron el don del Espíritu Santo.

De ahí en adelante, para cumplir con la voluntad de Jesús Cristo, los apóstoles imparten al recién bautizado el regalo del Espíritu por medio de la imposición de las manos y así completan la gracia del Bautismo.  Es por este motivo que en la Carta a los Hebreos relacionada con el Bautismo, la imposición de las manos es entre uno de los primeros elementos en la instrucción del cristianismo.  La imposición de las manos es un rito altamente reconocido en la tradición católica como el origen del sacramento de la Confirmación, que de cierta forma perpetua la gracia de Pentecostés en la Iglesia.

Desde un principio, para darle mayor representación al regalo del Espíritu Santo agregaron la unción con un aceite perfumado (crisma) a la imposición de las manos.  Dicha unción hace destacar el nombre de Cristiano, que quiere decir “ungidos” y que se deriva de Jesús Cristo, a quien Dios “ungió” con el Espíritu Santo.  Desde entonces, este rito de la unción ha continuado en el oriente y occidente.  Por tal motivo las Iglesias Orientales se refieren a esto como el Sacramento de Crismación, la unción con la crisma o myrón (en griego “perfume).  En el occidente, la palabra Confirmación indica que este sacramento confirma y refuerza la gracia bautismal.